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Aunque no estés allí


Cantaré una última vez, antes de perder hoy.. Mi voz.

No puedo volver a verte a los ojos, y aunque intenté buscar el volumen de tu mano. No pude encontrar el pulso de tu tiempo, ni el peso de tu abrazo. Me di cuenta, de que no estabas allí.

Entonces, mi habitación se oscureció. Dejando al descubierto un cuerpo blanco y desnudo, cubierto por heridas aún abiertas. Yo cantaba, pero no había sonido. Aquellas sombras jugaban con mi mente y querían entrar en mí. Yo no las dejaba, Dios no las dejaba. La sangre llenaba el piso, y sin darme cuenta comencé a llorar. No podía verte, no te sentía; pero sabía que estabas ahí. ¿Cómo era posible? Quizás, solamente vivías en mí. Tú existías lejos, en otro tiempo, con otro pulso.. Mi corazón, hacía tiempo que había dejado de latir, para ti.

Reconocí que era un objeto del olvido, que una suerte ciega me había acogido bajo su manto oscuro y desde entonces nadie podía verme. Y aunque tú podías oír mi voz, yo solamente podía correr desde aquí, junto a ti, pero sin ti. Entonces, la esperanza de amor era esa flor que terminaba de deshojarse. Al caer ese último pétalo, una última nota de mi voz lo acompañó. Las luces se apagaron, y todo en sombras permaneció. ¿Ha de quedar así?

Aunque abramos nuestros brazos, aunque cerremos los labios, saquemos las mentiras, iluminemos los miedos, miremos a los ojos, escuchemos al ser lejano que canta nuestro nombre, que lo espera.. Aunque cantemos una última canción, aunque tú puedas oírla, el tiempo no regresará, y si lo hiciera.. Seguirías sin poder verme, porque yo estoy bajo este manto, encadenado en esta habitación, donde mi cuerpo desnudo y blanco está cubierto de sangre. Mis lágrimas mantienen limpias mis heridas, pero no las cierran.

Perder mi voz, podría ser irrelevante. Aunque ese, es el último pétalo de mi flor de amor. Muchas personas desesperadas corren de un lado a otro, dentro de mi cabeza. No entiendo bien cómo puedo verlas, cómo pueden vivir allí. Supongo que he albergado con el tiempo excesos que me hagan sentir que aún vivo. Yo tampoco puedo oír mi propia voz, sólo sé que siempre estuve a tu lado, y aunque no estás ahí, aunque no existes allí; yo siempre te esperé.

También te estaré esperando. Confiado en encontrar la forma de sanar antes de verte. Pero es una esperanza tonta y algo inútil, mañana.. No recordaré nada.

Seguiré, cantaré.. Te iluminaré una vez más. Aún cuando no puedas oír mi voz, ni ver que estoy junto a ti..

Aunque yo tampoco esté.

Te Amo, No.. No..


Fragmento:

"Me sentía emocionado por hablar con él, pero a su vez sentía miedo... sus consejos y palabras de alguna manera u otra chocaban en mí, seguramente porque las consideraba falsas o porque simplemente no quería aceptar que poseía en en mi personalidad, características de uno más... uno más del montón...

Nunca consideré el hecho de enamorarme o tan solo ilusionarme con alguien del cual no pudiera tener cerca... pero ¿pasó?.. No lo sé... no lo sé...

A él no le gustaba que dijera esa palabra... y desde entonces digo que si sé, pero me es difícil explicar... Cuando lo escuchaba hablar me identificaba mucho y alguna vez se lo dije.
Siempre quise tener a alguien con quien hablar o tan sólo decir alguna palabra y que me entiendiera; él me entendía... o entiende... me conoce.

Eso me causaba mucho miedo, el que alguien me conociera, el demostrar mis debilidades generaba en mi cierto nivel de angustia... miedo... si, miedo.

Pero con él no sentía eso, me gustaba que me conociera... aunque no lo entiendo... o entendía, sus palabras y su voz me despejaban de mi realidad, que a decir verdad no es tan rosa... no lo es... Es cruel... difícil... fuerte... pero a la vez ingenua, porque siempre caigo en los mismos huecos... con las mismas personas... con las mismas situaciones... no sé porque... o si sé, pero se me es difícil explicarlo, sólo él me entiende.

Después de mucho o de poco, sentía ansias por hablar con él, su voz... su voz era mágica y tranquilizante para mí -retomo- cuando hablaba con él, me despegaba de la tierra y me iba hacia ese mundo que teníamos apartado para nuestras largas conversaciones.

Emmm... quisiera colocarle un nombre a ese lugar, pero me es difícil... Sólo sé que es especial y muy mío... muy NUESTRO. Pegué un brinco tan grande y me encontré en un lugar con muchos caminos y me confundí... opté por alejarme...

Y me día cuenta que ese lugar era él... me resultaba muy complejo entender... cómo alguien puede llegar a ser tan confuso (me causa risa)... así era él una persona con muchos lados y misterios, pero no lo sentía bipolar... siempre me demostró un solo lado... confuso... difícil... raro... escéptico... dulce... tierno... empático... único. Y sentí miedo... siento miedo... ¿amor?
No... No es amor... no lo es... pero bien puede serlo...

Comencé diciendo que todo su ser causaba en mí miedo... lo buscaba cada vez más... quería que "estuviese" allí, aquí, allá o donde sea... pero que estuviera.
Fue entonces donde sentí que no siempre "estaba"... en eso momento no estaba... o por lo menos no para mí... y me dolió... ¡mucho!

Lo busqué pero estaba mal... lo llamaba y la extraña razón "del no se qué" cortaba la llamada... le escribía y estaba ocupado...
Mientras yo me preocupé por construir mi vida, repararla... acomodarla... o hacerla "no sé"... volvía el no sé... pero esta vez no me importa si me entienden o no... Me da igual... y no me importa...

Me preocupe por conseguir o buscar a alguien con quien estar... y él se alejó...
Se fue... no estaba... por qué demonios me dejó... cuando más lo necesitaba... me dolía y por dolor, hago cosas que no debería... le escribí... y no me importó... lo herí con mi indiferencia... pero no me importaba... no me importaba que se terminara de alejar, total no le importo - pensé -...

Sólo era él y su alter-ego... su maldito alter-ego... se alejó y me dejó por él...
¿Por qué?.. Eso no debería preguntarlo... si no me importa, ¿por qué preguntar por eso?...
Ok basta... ¿qué me sucede?.. ¿Alguien puede responderlo?.. Él era el único que me entendía... ok basta... él se fue...

Ahora eres sólo tú...
¿Miedo?.. No le temo nada... pero el amor no es "nada"... es un todo... esto es más fuerte de lo que puedo manejar... ¿ahora siento que sangra mi alma?.. ¿Corazón?... ¿por qué?
¡Te amo!
No...
No...
No es el momento ni las circunstancias... ¿por qué me enamoré de ti?
Respóndeme...
Tu, o tu alter-ego...
...
No sé... si sé... ¿qué demonios me sucedió o sucede?.. El hecho es que se fue... cuando regrese ya habrá pasado todo... pero... ¿qué es ese todo?
Sólo quería conocerte... pero era muy joven para comprenderte... pero si te comprendía... porque nos parecíamos mucho... ¡pero yo un poco más orgulloso y loco!

Hehe... loco... loco es lo que siento... raro... si raro...
¿sabes que quería?

Que me enseñaras a conocerte... que cuando no estuvieses allí, aquí, allá o donde sea... me enseñaras a buscarte... o tan solo a irme a ese lugar que construirnos juntos... y así poder recuperar fuerzas para seguir amándote... y aceptarlo... porque me cuesta... me costó...
Sólo quería que cuando no te sintiera, estuvieses allí pidiéndome que te esperara porque regresarías... a amarme... hehe... suena raro... loco... como lo que nos pasó, ¿verdad?..
Pero no sé... volvió el no sé... sólo siento dolor por ser tan cobarde y nunca haberte dicho que te amaba...
Que eres la única persona por la cual sentí... siento y... por qué no... Seguiré sintiendo "amor"...
Me enamore... y es sumamente extraño para mí visitar o estar en este mundo de "enamorados"... nunca antes lo había sentido...

¡Gracias por todo esto!."

Sentados, y lloré sobre ti.


Supongo que el conocerte me dejó encandilado. Y eso podría ser tan bueno, como malo.

Sonaba en el fondo un arpegio suave, pausado y hermoso. Él indicaba que era un momento importante.

Yo decía a, y tu decías b. Era como si tu diseño hubiese sido pensado para el mío, y el mío encajaba en el tuyo. Nuestras conversaciones nunca acabarían, nuestras manos no dejarían de jugar, nuestros ojos no perderían esa mística conexión, seríamos tú y yo. Tu ánimo me llenaba de luz, y me hacia querer saltarte encima, entonces, tu saltabas antes que yo y de nuevo me sorprendías. Fueron hermosos esos días, sí que lo eran.

Tus sensores recibían todas mis ondas, al estar cercanos, esa luz roja en el pecho se encendía. Lo blanco ya no era tan blanco, y un toque de color piel nos acariciaba como un suave oleaje. La intensidad subía, la música aumentaba su ritmo y frecuencia. Yo cerraba mis ojos para escuchar con detenimiento lo que tratabas decirme, y tú hablabas y hablabas; luego callabas y yo te replicaba. Era una dinámica sencilla, y aunque éramos torpes al principio, nuestros sistemas se fueron automatizando de nuevo.

Yo sentía que estaba listo, estaba dispuesto a extender mis dedos blancos y metálicos, a dejar que la perfección del sistema robotizado de mi brazo se alargara hasta tu rostro... quería sentir ese calor que tenía programado en mi memoria, tocarte y sentirte. No pude sentirte al tocarte. No lo entendí bien, pero supuse que quizás la emoción del momento me había dejado ciego por un instante. Entonces, repasé en mi memoria lo que tenia aprendido sobre el Amor, me di cuenta que había tantas imágenes, tantas escenas, era perfecto... había mucha bibliografía, autores con calificaciones y referencias, parecia que todo el mundo se volcara a escribir sobre el Amor. Nuevamente, sentí que estaba en condiciones de ser uno de esos tantos, que comprendían aquél sublime significado.

Entonces, vi que tu mano blanca se extendía frente a mi rostro sin darme tiempo de hacer nada. Pasó, y vi en tus ojos que experimentabas lo que yo. No sentiste nada, no había luces, no había calor, sólo metal... cables, una memoria aparentemente inservible.

No quería hacerlo, pero me levanté, y me guardé en mi caja de aislamiento. Me resguardé de la luz, y bajo mi laser me examiné. Encontré muchas unidades, pero ningún órgano. No había sangre, sólo datos. No había recuerdos, sólo números. Busqué mi corazón, y no lo encontré. Esa noche tuve un sueño, soñé que antes de tener memoria, tenía un cerebro, y aunque tenía dicho cerebro, yo pensaba con mi corazón. Pensé que quizás por esa razón me lo habrían quitado, y habrían sustituido a mi cerebro por una memoria con muchos terminales. Mi piel no era piel, ahora era solo una superficie blanca y brillante de fibra de vidrio. Mis dedos eran cajetines ergonómicos de metal. No tenía ninguna sensación táctil. Me invadió algo que subió desde mis rodillas, era una especie de frio, era miedo, era soledad... ¿era dolor?, No pude llorar de todos modos.

Pasé toda la noche en vela, No me sentía cansado. Reconocí entonces, que no tenía alma.

Entonces volví a salir, me senté a esperar. Tú llegaste, me dijiste que me extrañabas. Yo te dije que de igual forma lo hacía. Tú dudaste, pero te quedaste a mi lado.

Te dije que desearía poder amarte, - Seria mágico poder estar contigo - Pero, no tengo cerebro para recordar cómo fue que perdí mi corazón. El infierno somos tú y yo, aquí. Ya no tengo alma, y sé que no la siento. El Amor pareciera una red de la cual estamos desconectados conscientemente.

"No te vayas, NO TE VAYAS", Me decías. Yo te dije que no me iría, tampoco podría sentirlo de todas formas. Inexplicablemente, sentado junto a ti, recosté las líneas del diseño de mi torso metalizado sobre tus piernas. Allí, lloré.

Sonaba en el fondo un arpegio suave, pausado y hermoso. Era como una ironía sobre el Amor. Supe entonces que ninguno de aquellos que lo escribió, realmente lo conoció.

El fondo seguía, yo lo oía... aunque,

no tuviera alma.

Volar sin alas


No sé mucho de ti, ahora.

Pero qué me dices de tomar esta oportunidad, y saltar juntos frente a ese abismo..?

Dolerá la caída, pero no habíamos visto que nuestros pies sangraban por caminar descalzos tanto tiempo sobre esta tierra seca y caliente por el sol; aún así, hoy.. No sé demasiado de ti, ya no me veo reflejado en tu mirada, y no encuentro mi silueta junto a tu sombra, pero aún así.. Extiendo mi mano esperando encontrar la tuya, quiero tomarla y tocarla, aunque no sostengas la mía.. Aunque no quieras sentirme..

Quizás tiene que ver el que estemos un poco ciegos por la falta de humedad, hemos vagado bajo este inclemente sol, todo este tiempo. No hemos comido más que cenizas de algún resto que desapareció, el sabor a madera todavía está en mis labios.. En mi piel. Mis manos estas resecas, ¿viste que nuestros pies sangran..? Es como si ya eso fuera algo normal. No tenemos alas, nuestro cabello es una masa espesa, pero nuestros ojos siguen cerrándose y abriéndose para mantenerse brillantes.

Tú en tus espejismos has creído encontrar la sombra de un árbol bajo el cual refugiarte, yo en los míos he creído encontrar un lago sobre el cual bailar sin parar, aún así.. Ninguno lo ha conseguido realmente. Lo único que tengo es tu mano reseca y tiesa, junto a mi mano reseca extendida. Ayer, tus ojos no se dilataban, dudé por un instante si aún vivías o si ya eras uno de ellos; pero traté de manipular mis pensamientos y creer que seguías a mi lado, fuese como fuese, era preferible. Es un alivio ver que nunca te fuiste, y que sigues aquí, siguiendo las líneas de sangre de mis pies.

No entiendo bien cómo ves todo esto que nos rodea, este planeta que llaman tierra. Tu tampoco sabes de mi pasado, menos tengo yo un futuro claro.. y aunque sé que no tenemos nada más seguro que seguir caminando, dejándonos y desgastándonos en este suelo seco y en llamas, yo te tomo de la mano y te pregunto: ¿Saltamos?, más allá, hay un abismo, se ve profundo.. Pero en su obscuridad podríamos encontrar la paz que necesitamos. Quizás tú puedas enseñarme cómo.

¿Qué hay de tomar esta oportunidad?¿Habría más dolor? Ven y háblame, respóndeme, mírame.. Hazlo. Dime lo que piensas de hacer esto, de lanzar nuestros cuerpos desde ese eje y caer.. O podríamos descubrir que aún podemos volar..

¿Qué dices?



No, no sé mucho de tu vida.. Ni de tu mundo.

La carta de atrás


Y en realidad no me ha molestado demasiado.

Yo he sido la carta que has tomado desde el principio, pero que está sobre tu rodilla bajo la mesa. Cuando me levantas en tu mazo, estoy al borde del abanico, sólo para dar mi espalda a tus oponentes y mirarte directo a los ojos. Aún así, nunca me has querido jugar.

Varias veces tonteaste conmigo, hiciste como si me fueras a lanzar sobre la mesa; enseguida dudaste y no lo hiciste. Yo seguí siendo la carta de atrás.

Entonces, poco a poco comencé a acostumbrarme a esperar a que me buscaras solo cuando me necesitabas, a que me llamaras solo cuando me quisieras oír, y aun... no me molestaba. Nunca me he quejado de nuestras charlas tontas, tampoco es algo que haría. Me satisface lo que sucede, pero olvidaba lo que me entristece la mirada luego de la sonrisa, la intención de lo pretendido, la ilusión de lo que no pasa.

Yo seguiré siendo esa carta, porque no podrás verme como el ganador. Creo que pasarán muchísimos juegos más, antes de que decidas echarme a la mesa, y aún así... no entiendo porqué esta tonta sensación se apodera de mí. Es como si quisiera decirme que no me lanzas porque temes perderme, que no te arriesgas a que otro jugador me tome y no vuelvas a verme. Quisiera creer eso, pero tus acciones no me ayudan. Después de todo, sigo aquí... en la punta de tus dedos, en la cima de tu abanico.

Yo te protejo de tus oponentes, mientras tú me miras quizás para desviarte de tu desorden, de tu destiempo, tomarme en tu mano y perderte en el mío. Esa es la magia de estar contigo, que el tiempo pasa y las risas nacen, que puedo sostener tus dedos con la plenitud de que es verdadera al menos la ilusión que transcurre entre los dos. Desafiamos al tiempo, nos atrevemos a ser distintos. Luego tú te vas, no regresas en mucho tiempo... y yo desde tu rodilla espero que me vuelvas a tomar sobre la mesa.

No dejo de ser,

la carta de atrás.

Bailando en la Oscuridad.

Una dulce balada, tenue y solitaria.

Desplaza sus delicadas notas por el brillo silente de la luna. Su vestido de plata se prepara para dar unos pasos agiles, estilizados, flexibles y hermosos. Tan elegante, tan bella. Su cabello brilla con la plata de su vestido. Sus rodillas parecen abrirse enteras, en la punta de sus dedos posa el peso de su cuerpo casi flotante. Por algunos segundos parece volar, es como si la luna con su brillo la lograra levantar...

Se une a la escena una bailarina vestida de negro y azul. Como la noche, su misterio llena el aire alrededor. Su música es eléctrica, pero se une perfectamente a la balada tenue y trémula que aún brilla a su lado, bajo la luna. Ambas danzan en una especie de intervención entre el bien y el mal. Perfectas, Equilibradas, son simplemente hermosas. Ambas.

La balada sube sus notas, y el rock de aquella noche retumba en cada halo de luz plateada. Se puede respirar algo parecido al amor, pero No. La balada se atreve a cantar, su compañera sigue sonando sin abrir sus labios; sus ojos se encuentran en miradas que se atraviesan. Quieren tocarse, ninguna lo hace. La balada decide intentarlo... extiende sus delicados dedos... finos... blancos... al sentir la figura de su acompañante... todo se desvanece con círculos que ondean suavemente aquella silueta negra y azul. Entonces, la dulce balada se dio cuenta que bailaba sobre sus propias lagrimas, un enorme estanque se agua y sal que por un instante se había confundido con aquella naturaleza. Era su reflejo quien la acompañaba, era negra y azul porque la luz no se refleja igual en el agua; pero... ella la sintió, parecía estar allí, parecía complementarla... pero, era ella misma.

La balada cantó una estrofa más. Mientras abría su boca su pecho se abría también y su cuello se alargaba, dos lágrimas bajaron rápidamente por sus mejillas mientras sus ojos caían pesados de dolor. Era una canción que parecía de amor, pero no.

Era sólo una dulce balada,

tenue... Y solitaria.

Quiero que me toques


Suena la caja de música, dentro de la habitación.

"No me dejes esperando, tengo un problema... quiero que me toques."

Una figura de porcelana, bastante estilizada, emerge entre las sombras que se dejan correr de entre la vieja caja de música que se abre. La luz es casi inexistente, pero un halo de iluminación misteriosa apunta al primer plano de la figura. Mientras gira por sí misma, suenan las notas agudas y delicadas de aquella vieja caja; música que retumba contra el eco que comienza a tomar forma alrededor.

"Quiero que me conozcas, y entonces... llevarlo más lejos."
"Yo también quiero conocerte."

El eco se rehúsa a repetir, y en su caso contesta: "Hay algo sobre ti, Pero quiero saberlo."
Un arpa comienza a sonar del fondo de la escena, y junto a una fuerte percusión, la silueta de porcelana se vuelve más flexible. Las notas de la antigua caja siguen sonando, y su melodía se armoniza con la percusión, el arpa, y el eco.

"Quiero que me toques, quiero que me toques..."

No se detiene, no deja de bailar. La pequeña pero fina pieza baila sin cesar. La forma de una mano se constituye de entre la densa oscuridad ¿Será el eco?, Todo suena, el ritmo aumenta, es divina la armonía entre la sutileza de las notas de la caja contra la rudeza de los sonidos exteriores. Sobre la mano, danza la figura que resplandece en la habitación, la mano la aleja de la caja musical...

Un estallido, Un silencio abismal. La mano apretó a la figurilla hasta hacerla estallar. La caja se cerró.

"Quiero que me toques,

quiero que me toques."

Océano


Los Ojos del Hombre, ven mejor cuando están cerrados. Bajo el Agua, puedes abrirlos.. Pero no podrías ver todo lo que allí realmente se encuentra.

Tú -si quieres- puedes ser uno de esos tantos, que han querido preguntarme lo mismo. Sin embargo, el precio de la respuesta podría ser mayor a lo que estarías dispuesto a dar. No lo digo yo, lo dicen los cuerpos que flotan cerca de la orilla, esos cuerpos que se han perdido en el camino, y que se dejaron encantar por el vaivén de las olas. Quizás, se sintieron cómodos y decidieron terminar su jornada allí, sin percatarse de que la espuma se acumularía en sus membranas y los volvería ciegos y sordos; que el agua salada calaría en sus pulmones hasta dejarlos inconscientes, perdidos. Pero allí están, flotando.

Hace ya muchos años que he venido hasta aquí. Decidí emigrar a un lugar donde el mundo se olvidara de mí, y la cotidianeidad no rasgara mi piel. Aún así, siempre supe que no sería fácil. El rumor del viento seguía comentando mi nombre, por eso muchos han intentado buscarme.. Y quienes me han encontrado han logrado saciar sus dudas, me he esforzado por borrar todos sus espejismos aún estando bajo el agua, y se han ido felices.. Plenos.

Aquí. Tan profundo, sumergido totalmente. El tiempo bajo el agua se desplaza diferente, es como si danzara en semicírculos que dejan un rastro brillante. El sol me acaricia suavemente a través del azul y denso manto que me rodea, pero aún.. Me toca y me calienta. Lo bueno del mar es que me permite escuchar cosas que el viento siempre me ocultó. Quizás lo hacía para confundirme, pero después de todo.. Los Humanos sólo escuchan así. Como sea, desde mi encarnado trono en las profundidades, puedo escuchar tus pensamientos, son confusos, es verdad.. Tu cabeza aún está llena de aire.

A medida que el agua va entrando en tu sistema, voy acercándome a entenderte. Pero como todos los demás, tus probabilidades son altamente escazas. ¿Cuántos hombres pueden creer en lo que se siente? ¿Cuántos.. En lo que no?, Si te sientes ahogado, ¿dejarás de nadar? No cruzarás la barrera, no irás más allá. El miedo se anclará en tu pecho y alcanzará a tu corazón, entonces.. Escogerás el vaivén de las olas y flotaras. ¿Lo harás?

Dentro de mi Soledad llena de calma, de ecos hermosos y tenues, de luz de sol indirecta, de tiempo que gira solo a medias, he decidido no hacerte tal daño. He llegado a la conclusión de que si me vine a sentar hasta aquí, ¡fue por algo!. Ese algo, es lo que me debe mantener lejos de ustedes. No merece la pena que tu cuerpo pierda su autonomía, y sólo quede flotante como la espuma de este inmenso mar que me circunda. Entonces, me levantaré en un solo esfuerzo, y mi impulso bailará con el tiempo.. Los semicírculos serán más grandes y chocarán contra tu cuerpo que lucha contra la marea, te enviarán de vuelta a la superficie; confundido, desorientado, nunca entenderás lo que escuchaste y olvidarás lo que querías preguntar. No garantizaré que la espuma no entre un poco en tus ojos o tus oídos, pero seguirás vivo. Serás al menos, una parte de ti.

Resulta tan doloroso como fácil hacerlo. Puesto que no quisiera ver un cuerpo más desgarrarse frente a mí, sin poder llegar a escucharme, y sé que dónde estoy.. Es un sitial mortal. Pero casi olvidaba el porqué decidí viajar hasta acá. A cambio, he decidido emerger por un minuto, he conseguido a un azulejo espléndido atravesar el horizonte. Le he contado mi historia y ha decidido ayudarme. Él me dio sus Ojos, para yo poder mirarte, para poder ver también siempre a los cuerpos que flotan a la orilla de estas aguas, y.. A él, le he dado mi voz, para que cuando cante cerca de ti y de ellos, escuchen un leve rumor de mis palabras.

He vuelto al fondo. Me he sentado rodeado de toda esta nada. Esta quietud suprema, este tiempo danzante, y la penumbra que se genera de aquellos cuerpos que flotan.. Aún el Sol intenta tocarme, y sus caricias borrosas llegan a mi piel.. Irónicamente seca.

No llegarás a mí, porque yo he decidido que no lo hagas, no lo harás tampoco, y seguramente por decisión propia, ni sabías a lo que te enfrentabas. El Amor hoy vive en el fondo del océano.. Y los Ojos del Hombre no se cierran.. Aunque aun escuches el rumor de mi voz que reza:

"ven mejor cuando están cerrados".

La Niña de los Caramelos

Ella caminaba algo ensimismada, como si en ese momento, no perteneciera a ese lugar.
Sin embargo, sus manos no dudaban en ofrecer caramelos a quienes la rodeaban.

¿Lo hacías para dar alegría? Pareciera que intentaras invitarnos a mirarte, a preguntarte "¿Estás bien?" o de alguna forma hacer un gesto de agradecimiento por estar ahí.

Era la más pequeña, la menor. Siempre estaba atenta de lo que ocurría fuera del círculo. Quizás demasiado. Su inquietante personalidad, complementaba con los fuertes temperamentos de quienes la acompañaban. Lograron entonces unos a otros fusionarse en la mirada, aliarse con hilos de oro y plata para siempre. En aquél circulo indivisible, la niña mas traviesa asomaba su mirada de color y sus dorados bucles al sol... esperando ser vista. ¿Caprichosa? Quizás no era consciente de su posición. ¿Y quién no?

La niña dio un par de saltos y abrió el círculo. La niña perdería el rubor de sus mejillas, el aire a Londres y a parís, los bucles perfectamente tratados... Ahora, tendría un toque helado, una chaqueta con caperuza oscura y mucho miedo en la mirada. La niña, cambió.

¿Era su culpa? Nadie lo creyó. En realidad se trataba de la Vida, quien la abrazaba con fuerza. Su consentida hija estaba viva, ¿por qué no ahorcarla un poco para hacerla sentir viva? Una, dos... paredes, golpes. La niña se transformaba en una persona más y más fuerte. Muchas fueron las lágrimas que se congelaron antes de caer, el frio fue un cruel consuelo que en su onda de ensoñación le daba noches interminables. Ella, en lo profundo... nunca dejó de creer.

¿Y el círculo? Lo que nadie vio, es que mientras la niña lo abría, sus compañeros salían... se resbalaban sin darse cuenta; para cuando la niña inmediatamente volvió, se encontraba sola... rodeada de hilos de oro y plata, que sostenían cuerpos aún muy lejanos. Uno a uno los fue arrastrando de vuelta al círculo. Fue difícil. Aún lo es.

Lo importante, es que Ella, siempre Ella, para toda ocasión

tenía caramelos.